Llegué a esta conclusión después de mi primera clase de Yin Yoga a la que asistí esta semana. Quizás porque en esta experimenté nuevas sensaciones y emociones que me hicieron ver más mi interior.

Me hizo conectar con toda esa carga emocional que traía conmigo misma desde hacía tiempo. A cada postura que abordábamos, más conectada me sentía con el dolor que estaba experimentando, con cada limitación nueva que iba apareciendo y sobre todo, con una mente que se había activado en modo de “huida”.

Con la experiencia que he ido adquiriendo durante las clases, he ido trabajando y creando mi propia forma de adaptar las posturas a mis movimientos naturales, confeccionado mi propio estilo, con el que me siento más cómoda y libre a la hora de expresarme.

Cuando te subes a la esterilla y adoptas tu primera postura de rendición como puede ser “Balasana” o postura del niño, te das ahí cuenta de todo lo que llevas a cuesta contigo mismo desde hace años.

Todas esas preocupaciones, miedos, ansiedad, estrés que durante años te han acompañado, se manifiestan ahora en tu cuerpo físico a través de tensiones, limitaciones, poca flexibilidad, dolor, inseguridad, falta de equilibrio, etc.

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